EL AYUNO AGRADABLE A DIOS

03/04/2022

¿Qué motiva nuestro ayuno?

El motivo principal del ayuno debe ser acercarnos a Dios, mostrarle nuestro amor, obediencia y sumisión. No debemos marcar un día de ayuno por motivos egoístas o para conseguir algo que deseamos que Dios nos conceda a cambio. La Santa Madre Iglesia nos puede pedir determinados días de ayuno pero no debemos olvidar nunca que el ayuno es una gracia de Dios y es Él quien nos la da. Por eso el ayuno nace de nuestra relación íntima con Él y el deseo de profundizar en su Amor y Presencia.

Leemos en Zacarias el siguiente reproche: «Dile a todo el pueblo de la tierra, y también a los sacerdotes: "Cuando ustedes ayunaban y se lamentaban en los meses quinto y séptimo de los últimos setenta años, ¿realmente ayunaban por mí? Y, cuando ustedes comen y beben, ¿acaso no lo hacen para sí mismos?" (Zacarías 7,1-6)

Vemos cuán importante es que examinemos nuestro corazón y entendamos bien qué nos motiva a ayunar. Pudiera suceder que ayunemos impulsados por nuestro EGO, para sentirnos mejores con nosotros mismos o incluso por favorecer nuestra condición física. Dios conoce nuestros corazones, él sabe si lo hacemos por motivos egoístas o si realmente ayunamos como ofrenda a él con el deseo de experimentar su presencia de una forma especial. El ayuno debe ser un acto de humildad y sacrificio ante Dios, un gesto que expresa lo mucho que le necesitamos a él en nuestras vidas.

Por esto el ayuno ya no es una imposición. Si eres hijo de Dios no ayunarás porque se exige de ti. Pedirás dirección divina en cada una de tus situaciones y, según el Padre hable a tu corazón, decidirás si debes o no hacer un ayuno.

¿Quieres acercarte más a Dios? ¿Deseas recibir dirección para alguna decisión? ¿Estás pasando por un tiempo retador en tu vida? Puede que sea un buen momento para realizar un ayuno. Pregunta a Dios si ese es su deseo para ti. Verifica con tu médico cuál es la mejor forma para hacerlo. No olvides que el Padre anhela que nos acerquemos a él y nunca rechaza a los que le buscan.

El ayuno que agrada a Dios

Leemos en Isaías lo que nos dice Dios:

¿SABES QUÉ AYUNO QUIERO YO?, dice el Señor Yahweh:

- ROMPER LAS ATADURAS DE INIQUIDAD,

- DESHACER LOS HACES OPRESORES,

- DEJAR LIBRES A LOS OPRIMIDOS y

- QUEBRANTAR TODO YUGO.

- COMPARTIR TU PAN CON EL HAMBRIENTO Y

- DAR REFUGIO A LOS POBRES SIN TECHO,

- VESTIR AL DESNUDO Y

- NO DEJAR DE LADO A TUS SEMEJANTES?

Si así procedes, tu luz despuntará como la aurora, y al instante llegará tu sanidad; tu justicia te abrirá el camino, y la gloria del Señor te seguirá. Llamarás, y el Señor responderá; pedirás ayuda, y él dirá: "¡Aquí estoy!"

- SI DESECHAS EL YUGO DE OPRESIÓN,

- EL DEDO ACUSADOR Y

- LA LENGUA MALICIOSA,

- SI TE DEDICAS A AYUDAR A LOS HAMBRIENTOS Y

- A SACIAR LA NECESIDAD DEL DESVALIDO,

entonces brillará tu luz en las tinieblas, y como el mediodía será tu noche. El Señor te guiará siempre; te saciará en tierras resecas, y fortalecerá tus huesos. Serás como jardín bien regado, como manantial cuyas aguas no se agotan." (Isaías 58, 6-11)

Jesús nos da instrucciones muy precisas de como nos tenemos que mostrarnos ante los demás cuando ayunemos:

Cuando ayunen, no pongan cara triste como hacen los hipócritas, que demudan sus rostros para mostrar que están ayunando. Les aseguro que estos ya han obtenido toda su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara para que no sea evidente ante los demás que estás ayunando, sino sólo ante tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará.» (Mateo 6:16-18)

El único mandato del Antiguo Testamento que obligaba a hacer ayuno es este:

Esta será para todos ley perpetua; el séptimo mes, el día diez del mes, mortificaréis vuestras personas y no haréis trabajo alguno, ni el indígena ni el extranjero que habita en medio de vosotros;'

porque en ese día se hará la expiación por vosotros, para que os purifique y seáis purificados ante Yahvé de todos vuestros pecados.

Será para vosotros día de descanso, sábado, y mortificaréis vuestras personas. Es ley perpetua. (Levítico 16, 29-31)


PUEDE SER EL MOMENTO DEL AYUNO DE DANIEL

Para los tiempos que vivimos este año, en los que muchos de nosotros hemos recibido tratamiento médicos muy fuertes y hasta incluso han sido sometidos a pruebas de laboratorio que pueden motivar estados físicos y de inmunidad delicados puede hacer interesante, el conocer este tipo de ayuno, que por otro lado, está muy de moda en las publicaciones femeninas de estilo y dietética, cosa que está en las antípodas de nuestra intención al ayunar.

El ayuno de Daniel, a veces llamado ayuno bíblico, puede ser la solución para quien quiere ayunar y no lo puede hacer de forma completa. Hay mucho escrito al respecto. Pongo a continuación sus dos referencias bíblicas. Se da la circunstancia también de que hablamos de él cuando leímos el libro de Daniel.

Lo leemos en Daniel 10:2-3:

"En aquellos días, yo Daniel, estuve afligido por tres semanas. No comí manjar delicado; ni entró en mi boca carne ni vino, ni me ungí con ungüento, hasta que se cumplieron las tres semanas."

También se lee en Daniel 1,8-16 un ayuno similar pero referido al timo de alimentos que ingería. 

Encontramos más referencias bíblicas en las que podemos meditar y aprender mucho sobre el ayuno agradable a Dios. He aquí unos ejemplos no exhaustivos:

Así que después de ayunar, orar e imponerles las manos, los despidieron. (Hechos 13,3)

Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu al desierto. Allí estuvo cuarenta días y fue tentado por el diablo. No comió nada durante esos días, pasados los cuales tuvo hambre. (Lucas 4,1-2)

Mientras ayunaban y participaban en el culto al Señor, el Espíritu Santo dijo: «Apártenme ahora a Bernabé y a Saulo para el trabajo al que los he llamado». (Hechos 13, 2)

Y Moisés se quedó en el monte, con el Señor, cuarenta días y cuarenta noches, sin comer ni beber nada. Allí, en las tablas, escribió los términos del pacto, es decir, los diez mandamientos. (Éxodo 34,28)

Ve y reúne a todos los judíos que están en Susa, para que ayunen por mí. Durante tres días no coman ni beban, ni de día ni de noche. Yo, por mi parte, ayunaré con mis doncellas al igual que ustedes. Cuando cumpla con esto, me presentaré ante el rey, por más que vaya en contra de la ley. ¡Y, si perezco, que perezca! (Ester (4, 16)


En cualquier caso, insisto. Las circunstancias que hemos vivido y medicinas recibidas estos dos últimos años hace muy aconsejable que antes de someter a nuestro cuerpo a un ayuno de días consultemos nuestra intención con un médico o similar.

Tampoco debemos olvidar que lo más difícil no es dejar de comer uno o varios días, sino someternos al ayuno que agrada a Dios y que El profeta Isaias nos a dicho unos párrafos más atrás.

Jaes7